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ANÉCDOTAS

 

La huida del predicador
Un personaje ilustre
El nombramiento del Alférez

 


 

 

LA HUIDA DEL PREDICADOR

Homenaje al Párroco D. Pedro Pascual Frutos Escobar

 

Todos los que tenemos un montón de años de existencia conocemos las anecdotas y hechos curiosos que han acaecido cada año en las cofradía de la Semana Santa de Novés. Pues bien, un hecho singular, de gran repercusión en toda la comarca, sucedió en nuestro pueblo la Semana Santa del año 1925 y que, por ser tan insólito, apareció en un periódico de la época, “LA LIBERTAD”, en su edición del 18 de Abril del año mencionado, en el que se narran los acontecimientos bajo el título de:

 

LA HUIDA DEL PREDICADOR

 

y que dice así: "En el pueblo de Novés, apacible lugar de la provincia de Toledo, que tiene a gala celebrar con inusitado esplendor las solemnidades de la Semana Santa, ocurrió en la mañana del Viernes Santo un misterioso suceso que llenó de espanto primero, y de indignación, después, al pacífico y laborioso vecindario.

 

El día anterior había llegado al pueblo, contratado por la Hermandad de la Sangre, el orador sagrado D. Mariano Lopez de Alda, que fue hospedado en casa del mayordomo de la hermandad Miguel Rodríguez, donde se le agasajó como corresponde a la hidalga hospitalidad castellana.

 

Después del sabroso y copioso yantar de bacalaos y tortillas así como de la superior y variada bolledría que regó con los excelentes vinos de la tierra, retiróse el orador sagrado a su cuarto para meditar y dar los últimos perfiles a los sermones del día siguiente que habían de ser asombro de propios y extraños. Pero la meditación y el trabajo intelectual no fueron compatibles con sus funciones digestivas, atorándosele su pensamiento, y las primeras luces del alba sorprendieron al orador en el regalado muelle de los colchones y sus sermones quedaron, no solo faltos de perfiles adecuados, sino de toda idea acerca del contenido de su composición. Entonces, el padre predicador sintió pánico porque conocía perfectamente las exigencias del pueblo sobre esta materia, se vistió los habitos recatadamente, salió de puntillas para no despertar a nadie de la familia y huyó a campo traviesa.

 

Una hora después, todo era confusión y extrañeza en casa del mayordomo. Cuando éste entró en la habitación del Sr. López para despertarle y la vio vacía y observó que fataba la maleta y que la puerta de la calle había sido abierta, pensó en lo que más tarde fue una realidad.

 

Mientras tanto, la iglesia se llenaba de fieles que aguardaban ansiosos la primera palabra de los ocho sermones que pronunciaría aquel predicador de quien se esperaba la más extraordinaria elocuencia.

 

Enseguida la Junta de la Hermandad, se reunió apresuradamente para adoptar acuerdos. En un momento de la discusión, llegó un labriego con la noticia de que había visto al padre predicador con la maleta al hombro que, a paso desorbitado caminaba hacia Torrijos. La noticia cundió rapidamente junto con otra de mayor trascendencia: El predicador se había largado habiendo cobrado sus estipendios por los sermones que iba a desarrollar.

 

El vecindario se congregó en torno a la casa donde se estaba celebrando la reunión de la Hermandad. El tiempo transcurría. Una de las propuestas fue aplazar la conmemoración del Viernes Santo que no fue aceptada. Al fín, se decidió suplicar al párroco del pueblo que pronunciara los sermones y que, además, lo hiciera gratuitamente porque, como ya le conocían y le habían oído hablar tantas veces, no tendría tanto interés para los fieles que le escucharan. Así fue como se resolvió el peliagudo conflicto y con gran contento de todos, porque el párroco fue un gran torrente de oratoria que convenció a los presentes.

 

No obstante, la fuga del predicador sentó tan mal en el vecindario, que hubo quien dijo que el orador sagrado no era ni padre ni predicador, sino un “vivo” que quiso sacar su tripa de mal año”.

 

Pero esto no acaba aquí. El 22 de Abril de 1925, el mismo periódico edita una carta de D. Mariano López de Alda dirigida al señor director de “LA LIBERTAD” diciéndole que, en el anterior artículo relativo a la Semana Santa de Novés, aparece una inexacta noticia en la que se le injuria.

 

En la misma epístola, se pone de manifiesto que dicho predicador fue al pueblo de Novés el Miércoles Santo con el fin de predicar los ocho sermones de rigón del Viernes Santo y que el día de su llegada se puso enfermo. No obstante, a pesar de su enfermedad, ayudó en el confesionario y en los Santos Oficicios del Jueves Santo.

 

Por otra parte, decía que no pudo dormir ni aprovecharse, por su estado de salud, de la hospitalidad del mayordomo porque fue molestado continuamente por cofrades de la Sangre que celebraban la mayordomía con excesivo consumo de bollos y limonadas. A dos de ellos, a quienes logró que se marcharan después de las diez de la noche, tuvo que soportarles hasta sus recomendaciones para que dijera en los sermones lo que ellos habían preparado.

 

Y termina diciendo que, por estas razones y por el agravamiento de su indisposición, se vio imposibilitado para predicar los sermones del Vía Crucis del Viernes Santo y decidió, antes de que llegara la hora, marcharse con las primeras luces del día y que a consecuencia de su enfermedad que había contraido se gastó los dineros que cobró.

 

Pero siete días después, el mismo periódico publica el siguiente notificado bajo el título de:

 

"LA PROTESTA DE UN PUEBLO"

 

“Nos es imposible publicar las muchas cartas que recibimos de vecinos del pueblo de Novés y de hijos de este que residen en otras localidades, protestando por las afirmaciones realizadas por el sacerdote López de Alda. Firma una de las cartas el médico de Novés, D. Antonio Cómez Trillo; otra, el presidente de la Hermandad de la Sangre, D. Telesforo Portillo; otra, J. Puebla; otra el párroco de San Nicolás El Real, de Guadalajara;... En todas esas cartas se confirma nuestra información y se protesta de las afirmaciones del predicador Sr. López de Alda. “Novés es un pueblo culto, incapaz de faltar a las reglas de cortesía y hospitalario en el trato que se debe al forastero”.

 

Es por esto que, al publicar la defensa del Sr. López, también publicamos la justa protesta que en nombre de todo el vecindario de Novés, formulan, con toda energía, las personalidades de más relieve de la localidad.

 

Con esta edición se cortan los litigios entre el predicador y el pueblo de Novés. No obstante de este hecho se derivaron otros de gran interés y que a continuación se narran:

 

D. Pedro Pascual Frutos Escobar

 

“En el cabildo ordinario del 29 de Abril de 1925, se acuerda la adquisición de un pergamino de honor para el párroco local, D. Pedro Pascual Frutos Escobar, por su buen proceder el día de Viernes Santo al suplir al desaparecido predicador para realizar los ocho sermones de ese día y que desarrolló con un torrente de oratoria que nunca se había escuchado en nuestra localidad."

 

Por esta razón, el 24 de Mayo se celebra cabildo extraordinario en el que se da cuenta a los presentes de las gestiones realizadas para la adquisición del diploma, cuyos gastos generan un coste de 235 pesetas.

 

Una vez enterado el cabildo de lo actuado, se nombra al párroco del pueblo, D, Pedro Pascual Frutos Escobar, Hermano Honorífico de la Cofradía de la Sangre con la unanimidad de todos los presentes.

 

El 25 de Julio, del año que tratamos, también se celebra cabildo extraordinario para hacer entrega del diploma de honor al susodicho párroco.

 

A las diez de la mañana, el pleno del Ayuntamiento, acompañado por la mayoría de los vecinos, sin distinción de clases ni edades, se dirigía a la Casa Rectoral, desde donde, en unión del homenajeado, se trasladaron a la ermita del Santísimo Cristo de la Sangre, que, en estramuros, posee la cofradía, donde había de tener lugar el grandioso acto.

 

Una vez allí, el secretario de la hermandad, D. Mateo Hernández, dio lectura al acta. Seguidamente el Sr. Presidente, recordó los momentos angustiosos que pasó la cofradía la mañana del Viernes Santo y la alegría que le produjo el proceder de su querido padre espiritual.

 

Respondió el Sr. Cura con un vibrante discurso en el que dio las gracias a todos los que tomaron parte en el acto, haciendo constar que solo el cariño de sus feligreses les hace mértos donde no ha habido más que la correspondencia a este cariño por su parte.

 

Luego termino su discurso de agradecimiento a los presentes: “Acepto el título de hermano con que me honráis, pero ya sabéis que hace 23 años que lo soy de corazón y que mi mayor alegria se cifra en vivir con vosotros hasta la terminación de mi existencia”.

 

Entre vítores y aclamaciones se dirigieron a la Casa Rectorial, donde todos fueron agasajados espléndidamente por el párroco y su familia, quienes no sabían cómo expresar su agradecimiento.

 

Todos estos acontecimientos son publicados por el periódico “EL CASTELLANO”, que relata los hechos el día 6 de Agosto.

 

 

 

UN PERSONAJE ILUSTRE EN NUESTRA COFRADÍA

D. Tomás Tamayo de Vargas

 

Durante muchos años, en la Ermita del Cristo, habia un relicario embutido en la tapia del Evangelio (pared izquierda, según los fieles miran al altar) con unas vidrieras, el que se conservan reliquias que dejó en testamento y última voluntad, D. Tomás Tamayo de Vargas. En dicho testamento, se refleja su deseo de que estas reliquias fueran trasladadas desde Indias hasta Novés para que se entregaran a la Cofradía de la Preciosísima Sangre.

 

Su voluntad se cumplió al año siguiente de su muerte que ocurrió en 1641. Durante muchos años se conservó el cofre de charol, en la que viajaron las reliquias, en el archivo que existía en el altar de la Ermita del Santo Cristo.

 

En el cofre venía una relación de todo su contenido y que a continuación exponemos tal y como vienen escritas en el inventario realizado en el año 1.768:

 

- Un hueso de canilla grande cuyo rótulo dice: “De San Lomberto, mártir”.

- Otro hueso rotulado con: “De San Valerio, Obispo de Trévesi, discípulo del Apóstol San Pedro”.

- Dos huesos titulados con: “De San Máximo mártir”.

- Otro hueso de Santa Cristina, virgen y mártir.

- Otro hueso de Santa Margarita, virgen y mártir

- Otro hueso de San Damián, mártir.

- Otro hueso de San Cosme.

- Otro hueso, sin rotular, forrado de toca blanca.

- Un pedazo de casco grande cuyo rótulo dice; “De las once mil vírgenes”.

- Otro hueso de Santa Máxima, virgen y mártir.

- Otro hueso de San Cristóbal, mártir.

- Otro hueso de Santa Brígida.

- Otro hueso de San Arnulfo.

 

D. Tomás Tamayo de Vargas

 

Tomás Tamayo de Vargas, pertenecía a familia humilde. Su padre Tomás Martínez Tamayo, era natural de Malpartida del Corneja (Ávila) y su madre, Catalina de Vargas, de Toledo. Comenzó sus estudios en Pamplona. Desde muy joven estudió lenguas clásicas, filosofía, teología y humanidades, especialmente Historia Sagrada e Historia Antigua y Moderna Española y Universal. Su formación fue muy amplia y erudita.

 

Vivió en Toledo, ciudad con la que se identificó plenamente y de cuya Universidad fue catedrático. En 1626 fue nombrado Cronista de Castilla y maestro y secretario de Enrique de Guzmán, sobrino del Conde-Duque de Olivares, desarrollando la misma actividad docente con el Conde de Melgar. Más tarde, también se le nombraría Cronista de Indias. Además, llego a pertenecer al Real Consejo de las Ordenes Militares y fue, también Ministro de la Inquisición.

 

Su obra fue muy extensa, (39 volúmenes) dominando los temas bibliográficos y los puramente históricos.

 

En 1616, publicó una controvertida defensa de la Historia General de España del Padre Juan de Mariana, En 1.622, imprimió una famosa edición de las obras de Garcilaso de la Vega, con interesantes notas. En 1.624, da a conocer su famoso manuscrito: “Junta de Libros, la mayor que ha visto España hasta la fecha”. También, como cronista Real, escribió: "El cronista y su oficio, calidades y prerrogativas, razón de las que ha habido en estos reinos “, “Yerros de algunos historiadores nuestros y ajenos..."

 

Su faceta menos conocida es la de humanista y traductor, (ejemplo: "Ars poética de Horacio”, “Discursos sobre el poema heroico de Torcuato Tasso.")

 

También escribió un tratado de paleografía y esteganografía.

 

Últimamente, se ha descubierto su testamento, aún sin publicar, en el que seguramente se dará a conocer alguna materia relacionada con Novés, ya que la relación de los huesos que formaban parte del relicario de la Ermita del Cristo, fueron sacados de su testamento, que ha permanecido oculto tantos años.

 

 

 

 

EL NOMBRAMIENTO DEL ALFÉREZ

 

Es difícil encontrar en las ciudades y pueblos próximos a Novés que al Hermano Mayor de una cofradía de Semana Santa se le reconozca con el nombre de Alférez. Pues bien, aquí en nuestro pueblo la Cofradía de la Preciosísima Sangre de Cristo lo adoptó, seguramente, porque el máximo representante de los actos que se realizan cada año el día de Viernes Santo, está muy ligado a la bandera que representa dicha hermandad, ya que durante las procesiones es el portador del banderín que pregona su nombramiento.

 

En tiempos muy remotos, para ser Alférez de la Cofradía de la Sangre bastaba querer serlo y solicitarlo, sin ruinar otro requisito que ser cofrade de dicha hermandad. Véase a continuación el siguiente ejemplo:

 

"En Cabildo celebrado el día 3 de mayo de 1741, en la sala baja del Hospital, se dio la petición de D. Gabriel Alejandro Gil de Rozas y Velasco para ser miembro de dicha cofradía.

 

Dada la información de su genealogía y realizado el formulario de limpieza de sangre de dicho pretendiente, se dieron por buenas las pruebas y, llamando al referido D. Gabriel Alejandro para que ocupara el lugar de costumbre, se le tomó el juramento de rigor, quedando inscrito como hermano de la cofradía..

 

Tras el nombramiento como cofrade, el susodicho pidió se le hiciese la merced de conferirle el empleo de Alférez para el año venidero, por la mucha devoción que de ello tenía, y visto por los oficiales y demás hermanos, acordaron nombrarle por tal Alférez para que lo sirva según las costumbres de la hermandad."

 

Otro ejemplo de nombramiento de Alférez es el que sigue:

 

"En el año 1745 muere D. Manuel Hernández, Alférez nombrado para el siguiente año. Sin más protocolo que la solicitud de D. Joseph Rubio Esteban, se le nombra para el oficio, lo cual recibe con gran placer."

 

En otro caso hay que advertir que D. Antonio Martín Raposo tuvo la voluntad de servir el oficio de Alférez en dos años.

 

Los nombramientos no causan ninguna discusión ni desacuerdos debido a que las solicitudes para el cargo son mínimas. Pero pasan algunos años y el querer desempeñar este oficio se multiplica y muchos quieren serlo. Por esta razón ocurren desavenencias en algunas reuniones en las que se realiza el nombramiento. Véase, seguidamente el siguiente ejemplo:

 

"En el Cabildo general del día 2º de Pascua de Resurrección del 17 de Abril de 1786, en el que asistieron el cura propio, tres presbíteros, el alcalde (presidente), el escribano, el agente procurador, cuatro mayordomos y cuarenta y cinco cofrades, ocurre el siguiente hecho:

 

Se comienza a hablar sobre a quién correspondía el nombramiento de Alférez. Unos pretendían hacerlo por antigüedad. Otros se negaban por no haber ordenanza escrita que lo detallara, ni haberse guardado, a través de los años, ninguna regla fija. D. Manuel Hernández Ventura pretendía tener el derecho de serlo como el más antiguo.

 

Por otro lado, suplicó serlo D. Francisco Villalengua y García, por llevar cuatro años esperando después de su primera solicitud y siempre se le habían frustrado sus deseos, siendo que otros cofrades lo habían obtenido teniendo menos antigüedad y, sobre todo, porque D. Manuel Hernández no era el más antiguo de los solicitantes, sino D. Antonio Bullido.

 

Este último se levantó y dijo que cedía sus derechos a D. Manuel Hernández Ventura, por lo que suscitaron algunos altercados entre los contendientes al cargo.

 

Inmediatamente después, D. Francisco Villaluenga presentó una memoria, escrita in situ, en la que exponía sentirse muy agraviado por D. Manuel Hernández por haberle pegado en el rostro y por querer apoyar la tesis de que a él le correspondía ser Alférez por ser más antiguo en la cofradía, sin haber escrita regla fija ni ordenanza sobre ello, por lo que, si no se le nombraba para tal oficio, renunciaba a su plaza y hachón a favor de su hijo mayor Victoriano, suplicando al Cabildo se la admitiese dicha renuncia.

 

La renuncia no fue admitida por el Cabildo que, para evitar semejantes disputas en lo sucesivo determinó se votase por cédulas secretas quien de los dos había de ser Alférez para el año 1787 reservando escribir acuerdos para los años venideros.

 

Realizada la votación pertinente, quedó nombrado por tal Alférez D. Francisco Villalengua por 47 votos a favor y 13 en contra.

 

Seguidamente, para evitar en lo sucesivo las desavenencias que en el presente Cabildo ocurrieron y en otros del pasado, sobre tales nombramientos, se escribe el siguiente estatuto: “ Que la referida nominación se haga indispensablemente de esta manera: El alcalde (presidente), agente, señores eclesiásticos, individuos de la cofradía que concurran al acto y escribanos de ella, han de entrar en el camarín de esta santa ermita de El Cristo para tratar y conferir con la mayor exactitud, desinterés y pureza cuáles son los tres individuos más a propósito para obtener el empleo de Alférez y, estando conformes ó por pluralidad de votos, si no lo están, han de salir a manifestar a los demás esclavos, cofrades y hermandad quien será el que obtuviera más votos a su favor, y en caso de empate, de los tres candidatos, será nombrado el de mayor edad. No obstante, el que obtuviera el empleo de Alférez, no ha de poder volver a ser propuesto hasta que hayan servido en este oficio los demás hermanos."

 

Aplicando el reglamento, en el cabildo general del 2º día de Pascua de Resurrección, del 9 de Abril de 1787, un año después de los altercados que se narran, se nombra Alférez en la ermita de El Cristo a D. Domingo Portillo con el siguiente resultado de votos de la terna presentada:

D. Domingo Portillo, 32 votos

D. Salvador Gil de Rozas, 26 votos

D. Francisco Castaño, 12 votos.

 

 

No obstante, las normas duran pocos años y en el cabildo de 9 de Abril de 1792, se modifican de nuevo, quedando como se expone:

 

"De aquí en adelante, se ha de elegir siempre Alférez por antigüedad de entrada en la cofradía. Si se diera la circunstancia de que alguno muriese sin haberlo sido, el hijo que heredase el hachón, ha de obtenerle cuando le corresponda a su padre o abuelo difunto. Si no hubiera edad competente, el tal menor, nombrará a su tutor o a quien le parezca adecuado, siempre que sea cofrade; pero ya no podrá serlo cuando le corresponda su turno. En cambio si podrá serlo el menor cuando le corresponda. Si ocurre que algún individuo llegue impedido y sin medios para sufrir ésta carga, lo manifestará al cabildo que comprobará la certeza de lo expuesto y procederá a nombra al que deba suceder al imposibilitado."

 

También los tiempos contemporáneos han creado historia sobre el Alférez:

 

En el año 2005 fallece D. Ursicino Hernández Gómez – Caro, Alférez de ese mismo periodo. El hecho ocurre el Lunes Santo, por lo que no hay tiempo material para nombrar a su sustituto. Por tal motivo, la cofradía queda sin abanderado para realizar los ritos y ceremonias del Viernes Santo.

 

En el año 2011 se nombra Alférez para el siguiente a D. José Illescas Yepes, que no podrá cumplir su sueño porque un traicionero accidente le arrebató la vida a poco de su nombramiento. Por tal suceso es nominado D. Luis Valtierra Lirola.

 

Los hechos, tanto muy pasados como recientes, forman parte de los anales de la Cofradía de la Sangre. Por eso desde estas líneas, nuestro recuerdo más sincero.

 

Todas las normas debían ser cumplidas por los individuos de la cofradía con gran rigor. De no ser así, la Junta Directiva imponía multas consistentes en una cantidad de cera, mayor o menor, dependiendo de la gravedad de la falta.

 

 

 

 

Con estas líneas de texto, la Junta Directiva quiere agradecer la excelente labor de investigación realizada por D. Gregorio García-Nuero Illescas, D. Ángel Pérez Illescas, D. Juan José López de la Fuente, D. Javier Fuentes Fernández y D. Segundo Benayas Gómez-Caro.

 

 

 

 

 

 

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